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Decían los griegos de la antigüedad, y somos griegos aunque sorprenda
decirlo, que para conocer una cosa es necesario conocer su origen, su "ἀρχή"
(arkhê).
Eso deberíamos hacer con Villademor. Vamos a buscar sus "ἀρχάι"
(arkhái), es
decir, sus orígenes. El "principio" que tiene la fuerza y el "poder" (pues
este término también significa poder) suficiente para que de él surja lo que
es su ser. Y no digo esto como si se tratase de una forma cómoda
de empezar a relatar una historia recóndita, definitoria y definitiva, sino
porque, aunque seamos villademorenses, nuestra cultura y forma de pensar no
es exclusiva de nuestro pueblo, ni siquiera de nuestra región. De la tierra
no surgen esencias culturales permanentes. Eso, al parecer, sólo pasa en las
regiones Vascongada o Catalana. Al menos así piensan los nacionalistas
secesionistas y algunos otros indocumentados que se han creído ese fatídico y oscuro mito.
Decíamos entonces que este modo de
preguntarnos por el origen ha sido esencialmente heredado de los antiguos griegos
y es muy común hacerlo en múltiples ámbitos de la vida. ¿Acaso no estamos
acostumbrados a ver en nuestro pueblo que cuando uno de nuestros paisanos
mayores no
identifica a algún niño, que él cree debería conocer, le pregunta por sus
orígenes, es decir, de quién
es hijo? Es ese, pues, un proceder propio de nuestra cultura occidental heredado
de los griegos. Incluso nuestro carné de identidad recurre al mismo procedimiento,
para definir nuestra identidad (¡qué palabra tan metafísica!) hace constar en dónde hemos nacido, de dónde
somos naturales, y quiénes son nuestros padres. Sólo conociendo nuestros
orígenes podemos decir quiénes somos y lo que somos. Es más, sólo sabiendo
eso podremos también presuponer qué podemos llegar a ser.
Bien, si esto ocurre en el ámbito de lo individual, también pasa en el
ámbito de lo colectivo e histórico. De modo que sólo conociendo nuestra
historia, nuestros orígenes, sabremos por qué somos como somos y por qué
estamos donde estamos. Somos, pues, villademorenses y esto, a buen seguro,
algunos lo tenemos como título nobiliario, casi más que como gentilicio. Pero, bromas
aparte, sí que podríamos preguntarnos: ¿desde cuándo
existen villademorenses? ¿Cómo surgió este asentamiento rural? ¿Por
qué precisamente está donde está y no, por ejemplo, al lado del río Esla
como ocurrió con Coyança (actual Valencia de D. Juan, como todo el mundo
sabe)? ¿Qué circunstancias tuvieron que darse para parecer propicio a
alguien asentarse precisamente en este enclave y no más arriba ni más abajo?
¿De cuándo datan los primeros pobladores de nuestro pueblo de los que
tenemos constancia fehaciente?
Muchas y difíciles preguntas todas ellas. No sabríamos contestar casi a
ninguna. Será labor de investigadores e historiadores hacerlo. Lo cierto es
que hasta hoy no tengo constancia de que nadie haya intentado contestar de
forma más o menos sistemática y científica ninguna de ellas Nosotros vamos a
intentarlo pero a sabiendas de que nuestra profesión no es, aunque sea un
pleonasmo decirlo, la investigación histórica
Existe un dicho popular que afirma que "todo está en
los libros", pero existen muy pocos libros de historia que mencionen a
nuestra villa y cuando lo hacen lo hacen de pasada porque no se trata de una
villa importante. Así pues, más que defender que todo está en los
libros preferimos decir, en este caso al menos, que "todo está en las palabras". Por eso antes
de empezar por sondear en los libros hemos de preguntarnos por el significado
y la raíz etimológica de la palabra "V I L L A D E M O R".
Es verdad que de esto ciertamente no extraeremos ninguna verdad histórica,
pero con esto sí que podremos descartar algunas opiniones que hasta ahora
podrían parecernos evidentes.
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Antes hagamos un
excursus, un comentario sobre esta
vieja foto de la derecha.
Es la imagen más antigua que tengo de Villademor. No sé por quién fue
hecha, pero quiero hacer notar varios detalles: la esbeltez del chapitel de la
torre, nada comparable al actual, las peladas acacias que rodean la mona, la
ausencia de la cruz de madera que durante años estuvo debajo de los
campanarios y, por último, la aparente ausencia del reloj en el campanario de
la torre. De todo ello se pueden deducir algunos hechos históricos.
-
  Sobre
el chapitel. Repárese en las diferencias con el actual. Mientras que
el antiguo es esbelto y proporcionado, el nuevo es basto y disonante. Se
ha perdido, además, el rebaje que había en medio entre el tejado y el
chapitel. ¿Por qué se permitió ese arreglo tan poco estético? Creo
recordar que era necesario cambiar la torcida viga vertical que sostiene
todo el entramado del chapitel y no se hizo. ¿Porque era demasiado caro?
¿Porque era un modo de embolsarse más beneficios? ¿Porque era demasiado
complejo para la empresa adjudicataria? No lo sé, quizá por todo ello a la vez. Pero lo cierto es que la torre perdió su esbeltez, su elegancia y
su estilizada estampa. Ahora se me asemeja más a un cohete espacial que a un
templo religioso, parece que apunta más el espacio que al Cielo. En
cualquier caso ya nada tiene arreglo. Me molestó mucho la pasividad que en
este asunto tuvo el Ayuntamiento en aquel entonces. Toda restauración, por
definición, debería buscar la conservación de lo restaurado en un estado
lo más parecido posible y durante el mayor tiempo posible al estado en el
que se encontraba. Y es evidente que aquel no fue el caso.
- Sobre las acacias. Yo tengo recuerdos de la plaza desde el
año 1966. La
imagen es, sin duda, anterior a ese año. Cuando yo empecé a la
escuela, año 66 como digo, ya no había cuatro acacias, sólo quedaban dos y
cuando salíamos todos los chicos al recreo, como las escuelas no tenía
retrete, sí, digo bien, no tenían retrete, lo primero que hacíamos era mear todos en corro en esas acacias. ¡Cómo iban a
medrar! Por cierto, es sorprendente, insólito más bien, las escuelas tampoco
tenían biblioteca, en realidad no tenían ni un libro. No, no. Pero tampoco
tenían calefacción, ni aulas diferentes, ni grupos diferentes, ni maestros
especialistas, ni orientadores, ni programaciones docentes... Pero
tuvimos, al menos durante algún tiempo, unas hermosas acacias y una mona
en donde nos sentábamos a hacer las cuentas y los problemas que nos
mandaba el maestro.
-
 Sobre la ausencia de la cruz de madera: La foto, sin duda, es muy anterior
a los años 60, porque, si
nos fijamos bien, la torre no tiene la cruz de madera que tuvo durante algunos
años, décadas quizá, debajo de los campanarios. En los años 70 todavía
quedaba el patibulum (el travesaño horizontal de la cruz), yo lo conocí. El stipes
(palo vertical) yo no lo recuerdo, se había caído tiempo antes de
tener yo memoria. Alguien me dijo en una ocasión que fue tirado por un rayo.
No lo sé pero parece dudoso.
En el año 81 todavía existía ese
travesaño que se retiró cuando se arregló (y descompuso) la torre en los años ochenta
y tantos o noventa. Pero, entonces, ¿cuándo se puso esa cruz? Según me han
contado fue puesta por un tal Amador Díez, más conocido por su sobrenombre:
"Maticuelas", durante el transcurso de unas Misiones (oficios
religiosos especiales que se llevaron a cabo con frecuencia durante la
posguerra). Y eso tuvo que ser entre los años 45 y 50 aproximadamente. Los
mozos del pueblo, en aquel tiempo numerosos, escotaron para sacar para la
cruz y, como decía, fue colocada por el señor Amador colgado y sostenido
por otros mozos de una cuerda desde los campanarios y, por supuesto, sin necesidad de colocarse ningún casco ni contar con
ningún seguro de accidentes. Así pues, la
foto tiene que ser anterior al año 50. Parece, además, que no está hecha
desde el suelo, sino desde una ventana alta. ¿Quizá desde la casa del Sr.
Ernesto? Por supuesto la torre luce todavía un espléndido nido de cigüeña.
Hoy desgraciadamente ya no. Alguien, no sé quien, ni sé muy bien por qué,
decidió quitar el soporte donde se asentaba el nido. Y lo que en su día se
podía interpretar como una imagen tradicional e incluso un símbolo de
fertilidad, a mi modo de ver ha pasado a ser un símbolo de esterilidad,
sobre todo porque estéril ha sido su supresión dado que las cigüeñas, más
inteligentes que sus detractores, han sabido anidar en otros lugares del
templo haciendo que el intento de su desalojo resulte no sólo ineficaz,
sino que yo diría que incluso ridículo.
-
Sobre la aparente ausencia del reloj del campanario: Si nos
fijamos bien parece que la torre no tiene reloj. Pero resulta que el reloj
ya estaba instalado, por lo menos, a principios del siglo XVIII. D. Ramón
Gutiérrez Álvarez conjetura que se habría tenido que instalar ya en siglo XVII, y ello porque a principios del XVIII (1724) ya se necesita de
un primer arreglo, (vid: GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, R.; Villademor de la Vega.
Historia, cultura, arte. Salamanca, 2010, p. 140). Es posible, pero,
volviendo de nuevo a la foto, no podemos deducir que sea anterior a
finales del XVII o principios del XVIII. En esa época no había fotografía
todavía. Entonces ¿cómo interpretar esa imagen? Yo creo que sí tiene
reloj, lo que ocurre es que el campanario no ha sido cerrado todavía. De
hecho, en el campanario sí se ve algo, no se sabe muy bien qué es, parece
que es una campana más bien, pero no puede serlo porque entonces también
se verían las otras de los otros campanarios y no es así. Las campanas
están más en el interior. Luego lo que tenemos ahí tiene que ser el reloj
no una campana, pero como todavía el campanario no había sido cerrado, da
la impresión de no haber reloj. Eso es lo que se me ocurre, que el
campanario fue cerrado años después de poner el reloj. Sí, bien, pero ¿cuándo? Es lo que no sabemos.
En cualquier caso el reloj seguramente nunca
funcionó bien, porque sobre él recuerdo que mi abuelo Eustaquio Centeno
siempre decía que daba las horas en Villademor, pero los "cuartos" en
Benavente. Esto sólo se entiende si se sabe lo que era un cuarto. Era
una antigua moneda: ocho cuartos y medio hacían un real. Seguramente se
decía eso porque el reloj fue comprado o mandado arreglar en Benavente.
Recuerdo también que, teniendo yo unos 18 años me tocó ayudar a subir,
junto con otros tres incluyendo al viejo relojero, la maquinaria del reloj
la última vez que se mandó arreglar seguramente. Su peso era considerable,
no podíamos casi entre los cuatro, y recuerdo que los peldaños de la
escalera, ya deteriorados, cedían y se combaban a nuestro peso con el
consiguiente peligro. Pero lo subimos y marcó las horas durante algún
tiempo, seguramente no mucho.
Estaría
encantado de colgar cualquiera otra foto más vieja que esta si fuese posible,
sólo tendrías que mandármela. |
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Si partimos de presupuestos meramente filológicos me parece que existen
múltiples caminos
para explicar el origen y el significado primigenio del término "Villademor".
Y, ciertamente, creo que sólo pueden existir estos caminos que sigo a
continuación, que indudablemente no
son pocos, pero estoy convencido que no hay más posibilidades:
-
El primero, el más ordinario pero también el más simple, el más novelesco y
quizá por eso también el menos verosímil, es el que mantiene que el
término "Villademor" proviene del compuesto: Villa+del+amor. No parece probable que
sea éste su étimo, aun a pesar de que sin duda pudo haber habido, como contamos
en otro
lugar, historias de amor singulares entre damas plebeyas y caballeros
de San Millán que pudieron haber dado nombre a esta villa. Pero si así
fuese hubiese sido más fácil llamarse "Villamor" como otros muchos
pueblos de León o de Castilla. Claro que también es verdad que "Villamor"
proviene etimológicamente en muchos casos no de "villa de amor", sino de
Villamayor (Villa Mayor > Major > Maor > Mor). Así entonces descartamos por completo la más romántica de las
posibilidades. Villademor, qué contrariedad, no es la villa-del-amor. Y
eso es cierto no sólo porque de facto sus habitantes no parecen inclinados
a sentimentalismos, aunque no por eso queramos decir que sean impasibles o
insensibles, sino porque, como vimos, la supuesta
historia de amor fundacional de la villa no puede ser cierta, habíamos
dicho que no era más que un romance de ciego contado en prosa.
-
El segundo camino etimológico que hemos explorado, aunque plausible, tampoco es el más probable. Lo
hemos visto en algunos libros de historia o de curiosidades de la comarca.
"Villademor" provendría del "Villa+del+moro". ¿Fue este originariamente un
asentamiento morisco o, para decirlo con más exactitud, mudéjar? No se
puede descartar, es cierto. El estilo mudéjar que sin duda tiene nuestra
iglesia,
la torre sobre todo, vendría en apoyo de esta tesis. Pero habrá que fundamentar esto de alguna
otra forma porque la iglesia, el templo, aunque sea el "summum", lo más
representativo de nuestro pueblo, no es el "primum", no fue lo primero.
Aunque la iglesia tenga algunas características mudéjares no quiere decir
que sus primeros pobladores lo fueran. Además no tenemos por qué pensar que el
pueblo apareció a la vez que su iglesia. Ni siquiera que la torre se
hiciese a la vez que el resto del templo. De hecho parece que se hizo
después. Incluso, como veremos,
sabemos que hubo otros templos anteriores. Y no es contradictorio pensar que
constructores posteriores optasen por esas formas (por ejemplo el friso en
esquinilla) porque eran las que conocían o porque eran las que se
estilaban en la época en la que fue construida la torre que hoy sabemos
fue posterior al templo. Luego, lo moro no está en el origen.
-
Una tercera posibilidad, improbable sin duda, pero no por eso descartable,
es considerar que el nombre de nuestra villa provenga del la voz
prerromana "mor", que tiene dos sentidos. Por una parte,
conjunto de piedras, montón de piedras, abundancia de piedras, y, por
extensión, posiblemente, paraje pedregoso, de donde vienen topónimos
conocidos como: Moreda, Morata, Morena (sierra), Morla, Moraleja y, por
qué no, Villa-de-mor. Incluso de esa raíz provendrían palabras comunes
como "morrillo" por ejemplo. Y por otra parte "mor" también hace
referencia a un montículo, peñasco o similar es decir, a una simple
elevación. Así pues, en cualquiera de
los dos sentidos, según esta etimología "mor" no hace
referencia a ningún hipotético sarraceno fundador de nuestro pueblo, sino
al paraje supuestamente pedregoso en donde se asentó, primer sentido de
los dos que hemos encontrado al término "mor". ¿Pero es eso plausible?
A mi no me lo parece. Villademor no parece asentado en un pedregal. Y digo eso aun a pesar de que
hemos encontrado en
libros antiguos que nuestro pueblo es llamado
"Villa de Mor"
(un libro de D. Miguel de Burgos, titulado,
Registro y relación general de minas de la corona de Castilla,
de 1835, pero también en otro libro más antiguo titulado
Nomenclator o diccionario de las ciudades, villas lugares... de
1789, p. 764.
En cualquier caso tampoco se entendería que Villademor se llamase así en atención al segundo
sentido que hemos dicho, porque la villa no se asienta en ninguna altura o
montículo destacado.
-
Cuarto: tampoco es muy probable que D. Ramón Gutiérrez Álvarez tenga
razón cuando dice que el término "Villademor" provenga de "Villa+de+mor"
siendo éste último un hidrónimo (GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, R.; Villademor de la Vega.
Historia, cultura, arte. Salamanca, 2010, p. 30). Villademor no nos
parece que esté tan cerca del río y sea tan dependiente de él como para
llamarlo "Villa del agua" (ibid.) a no ser que agua aquí no se
refiera al río sino a alguna fuente o quizá mejor a algún pantano natural
o estanque, porque en todo caso la raíz indoeuropea "mor" o más bien "mori-" (de donde
algunos etimólogos sostienen que viene "mare" (en latín "mar") hace
referencia a un cuerpo de agua no fluyente. Vid. ROBERTS, E. A., PASTOR,
B.; Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española,
Alianza, Madrid, 1996, p. 110. Y no es probable que venga de este término
prelatino por dos razones: primera porque considero que es una moda, en la
mayoría de los casos injustificada, hacer que todo término dudoso sea
prerromano o celta o similar, cuando no hay ninguna razón filológica que lo avale.
Afirmarlo sin más no vale. Y, en segundo lugar, porque hay hipótesis más
plausibles si hacemos uso de la "navaja de Ockham" y escogemos la
más simple, que en este caso es la que colocamos en último lugar, la
octava. Además de ésta última hipótesis es de la única que tenemos pruebas
documentales confirmatorias. De
las demás hipótesis no tenemos más que elucubraciones o divagaciones
filológicas que
aunque sean muy razonadas y muy razonables no encuentran apoyo en ninguna
evidencia histórica o empírica, al menos de momento o que conozcamos. Por lo tanto,
el lexema "-mor" no vendría tanto del hidrónimo indoeuropeo que
tanto parece gustarle a D. Ramón Gutiérrez Álvarez, sino de la afáresis
(pérdida del sonido inicial)
del término "amor" como explicamos más adelante (vid. hipótesis
octava). Por insistir algo más en esta posibilidad se puede mencionar
también a D. Bernardino Gago, que también es partidario de esta etimología
aunque justificada de forma algo diferente. Porque él dice, entre otras
posibles etimologías, que Villademor provendría del preindoeuropeo:
amur > mur > murro: No sabemos casi nada del indoeuropeo y él se
atreve a hablarnos del preindoeuropeo, demasiado arriesgado creo yo. La
raíz que hace referencia, según él, al río. Por tanto "mur" es
claramente un hidrónimo. Pero no especifica la fuente de donde saca este
significado. De ahí provendría primero Villadeamur > Villademur >
Villademor. Además esta secuencia no la contrasta con los documentos
históricos que deberían probar esa evolución. En cualquier caso
Villademor significaría algo así como Villa-del-río. Con todo
esta toponimia no encaja bien con su idea de que el pueblo haya surgido
como consecuencia de los poblamientos mozárabes del siglo X. Vid.: GAGO
PÉREZ, Bernardino; Toponimia del municipio de Valencia de Don Juan (Coyanza)
y su comarca, Ed. Ayuntamiento de Valencia de Don Juan, 1999, p. 120).
-
Se nos ocurre una quinta alternativa que tiene que ver con la anterior por cuanto la
anula, a saber: que "*mor" no venga de una voz prerromana sino latina, que provenga
de "moror, -aris, -ari, -atus sum", que significa: detenerse,
pararse, entretenerse, quedarse, permanecer, establecerse, residir, morar,
vivir, estar en. Es de la misma raíz que "mora,
-ae" que significa también: tardanza, retardo, demora, dilación,
impedimento, estorbo, obstáculo. Ya sé que esto no está de moda, hoy, que
vivimos en un tiempo sumido en las ideologías regionalistas, localistas, o
incluso nacionalistas e independentistas, a la hora de buscar los orígenes
de un topónimo como el de nuestra villa estaría mejor si encontrásemos uno
anterior a los romanos, celta si puede ser, o, si fuese posible, anterior
incluso a los celtas, pero que en todo caso fuese preferiblemente no latino. Porque los romanos, "que no aportaron nada" (ni
siquiera el idioma parece ser), no fueron más que unos invasores,
colonizadores o conquistadores y, por supuesto, opresores que anularon,
invalidaron, abolieron o liquidaron toda la cultura prerromana que era la
única capaz de expresar la verdadera esencia del terruño. Esto,
evidentemente lo digo con ironía, pero no es una broma, es una ideología
historiográfica muy potente que ha llenado y está llenando muchas páginas
de revistas especializadas de investigaciones históricas locales, que sí
estaría bien si no fuesen localistas, regionalistas o nacionalistas, en definitiva, historias idiopáticas,
es decir, idiotas (dicho sea en sentido etimológico -particular-)
enfermas y anegadas por la ideología del momento que vive la historiografía española
mediatizada por una política miope.
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Sexta hipótesis: que "mor" provenga del latín "mora, -ae" que
significa mora, el fruto de la
zarzamora, y
que por lo tanto Villademor haya sido un lugar en el que habría habido muchos
arbustos de este tipo. No parece que esto sea lo más probable y no porque
en nuestra tierra no se pueden producir moras, que en efecto las hay y en
abundancia, sino porque de ese vocablo se hubiesen derivado con más probabilidad otros términos como: Moreda, Morea, Moran, Moral, Morales, que
son todos ellos topónimos que indican que esos lugares están llenos de
zarzamoras.
-
La séptima hipótesis sería tan
interesante como improbable y sería la siguiente: el lexema "mor"
provendría del latín "mort", de tal modo que Villademor
vendría de Villa de mort o Villademort, términos, por
cierto, que nunca hemos visto escritos en ningún documento. Pero ocurre
con esta hipótesis lo que ocurre, por ejemplo, con la etimología de
Matanza
de los Oteros, que habría que probar que hubo una
batalla reseñable en la que se produjo un importante número de muertos.
¿Pero cuándo hubo esa batalla de la que tengamos referencias históricas en
el entorno de "Villademort"? No conocemos ninguna, ni tampoco se ha
descubierto ningún resto
arqueológico indiciario de tal hecho. En cualquier caso, suponiendo que la
hubiese habido, podría considerarse que fue la zona de Villademor la que
primero alcanzó tal denominación y sólo después pudo surgir la Villa.
Villa que, por concretar más, pudo ser romana, porque la batalla podría
haber sido entre las legiones romanas y los astures. Contempla tal
posibilidad D. Pedro Alba, en su libro: Diseño de geografía e historia de
la provincia y obispado de León, ed. Imprenta de la viuda e hijos de
Miñon, 1855. De modo que entendemos que el enfrentamiento pudo haberse producido en tiempos de Publio Carisio,
entre los años 26 al 22 a. C., no Tito Carisio (padre) como dice el autor. Según parece el general Carisio entre esos años, quizá más bien hacia el 25 a. C. conquistó parte
de la Asturias transmontana al mando de tres legiones: Legio V Alaudade,
Legio VI Victrix y Legio X Gemina. No discutimos que haya podido darse tal
enfrentamiento, lo discutible es que hubiese sido precisamente en
Villademor. No obstante, según Pedro Alba, en apoyo de esta hipótesis dice
que las
tropas romanas habrían sido divididas en tres frentes: una a lo largo del río Cea,
otra a lo largo del Elsa y otra a lo largo del Órbigo. Dice al respecto
Pedro Alba en el libro referido [respetamos la ortografía de la
época]: "Es una pura conjetura que se hayan
dado estas batallas en Villademor de Trianos, en la de Orvigo y la de la
Vega de Toral, queriendo algunos decir, que les viene la etimología de su
nombre de la palabra mort que significa muerte, alusivo al caso referido."
(op. cit. p. 38). Desconocemos la existencia de Villademor de Trianos,
pero sí existe
Villamor de Órbigo. En cualquier caso, hasta el propio autor considera
que es muy arriesgado considerar tal conjetura pero no queríamos nosotros
dejar sin considerar esta hipótesis.
-
La última hipótesis, la octava, la
reservamos para el final porque es la
única que puede ser confirmada por documentos históricos como veremos
inmediatamente. Se trata de considerar que el término "VILLADEMOR" es un antroponímico y que proviene de
"Villa+de+Amor", siendo "Amor" un nombre propio que
después por afáresis (es decir por la pérdida del fonema inicial) termina
dando "mor". No es ésta una derivación extraña en castellano. El mismo caso
lo encontramos en expresiones como: "por mor de...", como
cuando se dice: "por
mor de la justicia" (por amor a la justicia). Ahora bien,
¿el
nombre propio de quién? Eso es lo que sería interesante descubrir. De un
antiguo romano (ya cristianizado quizá), de un judío singular o quizá de
un mozárabe. Lo primero no lo podemos descartar por lo de "Villa-...". Aunque,
a decir verdad, es muy posible que el recurso de nombrar los asentamientos
rurales con el prefijo "villa-" quizá ya se hubiese generalizado
durante la Edad Media y no hiciese falta retrasar al mundo romano el primer
asentamiento en Villademor. No conocemos pruebas arqueológicas de ello. Ni sabemos cuándo se empieza a utilizar el recurso de poner "Villa-" en
los asentamientos medievales (habría que investigarlo). Tampoco
es descartable que "Amor" fuese el nombre de un judío. De hecho tanto en Villamañan como en
Coyança hubo juderías.
"Manann", por otra parte, bien podría ser el nombre de un mozárabe, como el
de "Amor", ¿por qué no? Eso es lo que
habría que investigar porque creo recordar haber leído en alguna parte
que ya en época de Ordoño I (821-866) y Alfonso III (866-910) estas
tierras se repoblaron con mozárabes. Y no en vano tenemos muchos pueblos
cercanos
con nombres que podrían dar testimonio de aquel su primer colono:
Manann (Villamañán), Ben-Amariel (Benamariel), al-Qaddâf (Algadefe),
Ben-Azolve (¿si es que se escribe así? (Benazolbe), etc. Recordemos
que "mozárabe", llaman los historiadores (a partir del XIX) a los
cristianos que vivían en territorio musulmán. En cualquier caso, fuese del
origen que fuese, mozárabe, cristiano o judío, el nombre de nuestro pueblo proviene de un nombre propio
y bien podría ser cualquiera de estos: Amor o Maurus (del latín) (esta
posibilidad se explora en el libro de GAGO PÉREZ, Bernardino; Toponimia
del municipio de Valencia de Don Juan (Coyanza) y su comarca, Ed.
Ayuntamiento de Valencia de Don Juan, 1999, p. 119) o incluso Amour (del árabe).
En cualquier caso estamos convencidos de que
"-mor" es un antroponímico.
Esta
es, pues, como habíamos afirmado, la única hipótesis que puede ser confirmada apoyándonos en documentos
históricos. Así entonces "VILLADEMOR" es Villa de Amor, siendo "Amor" un nombre propio de persona.
Y es así porque así se cita en el
Testamento de Ramiro, rey de Asturias: "Villam
de Amor". Por cierto, por si alguien quisiera confirmarlo, no hay
que confundir este Ramiro (†
929), hijo
(posiblemente ilegítimo) de Alfonso III
el Magno (852-910), con Ramiro I (790-850) hijo de Bermudo I el Diácono. Ramiro, auque aquí
en este documento se
dice que es "rey de los Astures", en realidad nunca fue rey o si lo
fue lo fue sin territorio. Se le conoce como el infante Ramiro o como
Ramiro Alfonsez. Vid. la 3ª imagen de éstas.
El titular, traducido a mi modo, quedaría como sigue:
Ramiro rey de los Astures, hijo de Alfonso III, ratifica el testamento
de sus predecesores y dona a la iglesia de Oviedo muchas posesiones,
entre ellas la Villa de Amor, ya con su iglesia dedicada a San Pedro.
Véase:
   
Estos son los mismos documentos que los de arriba
pero en color original.
Fuente: FLOREZ, E.; España Sagrada
(tomo 73, sec. 14, p. 350 y ss.).
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En los siete supuestos que recogemos
en la etimología aparece expuesto el infijo "de", razón por
la cual no parece adecuado hacer el gentilicio como acostumbran a hacer
algunos (véase: R. Gutiérrez Álvarez): villamorense, porque villamorenses son los de
Villamor de los Escuderos, o los de
Villamor de Cadozos, los de
Villamor de la Ladre,
pueblos todos ellos de la provincia de Zamora y otros pueblos como
Villamor de Órbigo (León), etc.. Es decir, "villamorense" es un
término ya ocupado de tal modo que si alguien hace mención a los villamorenses se estaría refiriendo a
los originarios de esos pueblos mencionados.
Por otra parte el gentilicio no
puede ser "villamorejo", como acostumbra a usarse en los
pueblos limítrofes, sobre todo en Toral de los Guzmanes. Y decimos eso sin
perjuicio de que, en efecto, se puedan formar gentilicios con el sufijo "-ejo".
Pero la formación en "-ejo", además de acortar el sustantivo eliminando el
infijo "-de-" (por lo que en todo caso sería "villademorejo") añade
un valor diminutivo y sobre todo despectivo a todos los sustantivos o
adjetivos a los que aplica (diablejo, pulpejo) y aunque en algunas
palabras no se conserva tal sentido (complejo, hollejo, conejo, viejo...)
en ningún caso se forman los gentilicios así, si no es, claro está, con el
ánimo de menospreciar o desfavorecer a aquel a quien se le aplique tal
supuesto gentilicio. Es más bien un gentilicio de rivalidad. Por la misma
razón por la que nos llaman vilamorejos llamamos nosotros a los de
Toral, toralejos, por la rivalidad histórica de los pueblos. Pero,
sin embargo, a los de San Millán no les llamamos samillanejos y
mucho menos a los de Valencia, valencianejos.
Es por todas estas razones por las que
proponemos el gentilicio "villademorense", que parece más
respetuoso, más eufónico, más académico, aunque sea ligeramente más largo.
"Villademorano", que también podría ser, parece que tampoco suena
bien. En todo caso consideramos que debe incluir el infijo "-de-" por lo
expuesto con anterioridad.
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