 Ha salido a la luz (2010)
la primera obra de carácter historiográfico sobre Villademor. La iniciativa, parece ser, partió del alcalde Carlos Ibarrola, que en asuntos culturales lo está haciendo muy bien, y fue
encargada a D. Ramón Gutiérrez Álvarez (en adelante RGA), que
también se lo tomó en serio y llevó a cabo una obra meritoria, bien
escrita, bien documentada y, en general digna de elogio. La edición ha
sido costeada, parece ser, por un mecenas, Amador
Chamorro Chamorro, al que también hay que agradecer, sin duda, su
generosidad para con el pueblo. Se nos antoja, no obstante, una primera observación que consideramos
preambular, aunque no por eso menos importante, que tiene relación a su concepción de la Historia. Porque parte,
creemos, de una concepción de la Historia si no equivocada, sí al menos
equívoca. Pues mantiene la opinión, errónea según mi parecer, de
que "los pueblos tienen historia" (p. 19 y también en
contraportada). Y lo dice nada más empezar en la tercera línea que
dedica al lector. "Todos los pueblos tienen su historia".
Pensar lo contrario, viene a decir, es un tópico que no se ajusta a la
realidad (loc. cit.). Bien, decir esto parece algo evidente, al menos para el lector no
avezado. Pues no, porque a pesar de la aparente claridad y distinción de su postulado, está
siendo aquí muy ambiguo, por no decir oscuro y confuso. Porque ¿en qué
sentido está utilizando aquí el término "pueblo"? Es evidente que,
si va a hacer la historia de una villa, no estará utilizando aquí el término "pueblo" en un sentido político, como cuando se habla de "pueblo
español" o "pueblo francés", sino que "pueblo" lo
estará usando, supongo, simplemente en un
sentido rural, en el sentido del "pagus" latino, pueblo en el sentido de
núcleo pequeño de población que se diferencia o se opone claramente a
una ciudad o a otros tipos de asentamientos. Así considerado, entonces,
es evidente que los pueblos no tienen Historia porque no pueden tenerla,
porque no tienen entidad política ni institucional u organizativa lo
suficientemente potente y grande como para tomar protagonismo e
iniciativa, y aunque intervienen en los acontecimientos históricos, que
en ocasiones pudieran ser relevantes, no son ellos los que toman las
decisiones políticas ni los que las sustentan ni los que las determinan. Su tamaño, su dependencia política, económica e
institucional se lo impide. Sin embargo, esto no quiere decir que los
pueblos, en el sentido de núcleos rurales no perdamos la perspectiva, estén fuera de la historia o
incluso de la Historia con mayúscula (más adelante explicaremos esta
distinción entre "historia" con minúscula e "Historia", con mayúscula,
que RGA no explica pero sí ejercita).
Lo que debería advertir el autor es que la Historia de un pueblo, es
decir, de una población rural, de una pequeña villa como es Villademor, sólo se puede
entender enmarcada en la Historia de un Estado, porque la Historia es,
en efecto, de los Estados, de las "polis" o, incluso mejor aún, de los
imperios. Por eso, el autor se equivoca, según nuestro humilde parecer, al decir que "sólo en contadas ocasiones se trata algún
aspecto histórico en el contexto de la historia de la comarca o de la
región. Se hace cuando es imposible referirlo solamente a Villademor"
(p. 20). Lo que es imposible en realidad es hablar de la Historia de
Villademor desenmarcada del resto de la nación política o del reino al que
pertenece en cada momento histórico. No existe ni puede existir, en
sentido restringido y desconexo, tal Historia
de Villademor. No cabe duda, entonces, que si el autor hubiese logrado lo que
pretendía, cosa que evidentemente no ha conseguido, no habría logrado
hacer un libro de Historia, habría hecho otra cosa, y si lo ha logrado
es porque no ha hecho Historia, ha hecho otra cosa. En cualquier caso ha
logrado lo que no pretendía. Lo que anuncia
al lector, hacer la historia del pueblo sin referencia a la comarca o a
la región, es en realidad un proyecto imposible. No puede entenderse nada de Villademor ni de su
H/historia, sin referencia al contexto geográfico y político al que
pertenece, y no ya sólo a la comarca o a la región sino al Estado al que pertenece,
a España. Porque ¿se puede entender lo que los villademorenses llamamos
"la Mona", el rollo, sin aludir al sistema de jurisprudencia español por
el cual estuvo determinado? ¿Se puede entender la historia de Villademor,
de su iglesia y sus ermitas, sin enmarcar tales manifestaciones de
religiosidad dentro del desenvolvimiento histórico del cristianismo como
religión oficial del Imperio Romano y después como religión dominante
durante la Reconquista? De ningún modo. Los retablos de la iglesia,
pongamos por caso, sólo se pueden explicar si se alude a conceptos
externos al desarrollo histórico de nuestra villa y que provienen del
más temprano cristianismo e incluso de la antigüedad griega pero no de
nuestra propia villa. ¿O es que acaso la propia orientación de nuestro
tres templos, orientación E-O, obedecen a determinaciones internas a la
villa? De ningún modo, no hay nada en nuestra villa que explique esa
orientación. Las explicaciones son extrínsecas. Lo mismo ocurre con
la mayoría de acontecimientos, situaciones o hechos acaecidos en ella.
No habría entonces, pienso yo, ningún acontecimiento ocurrido en nuestro
pueblo que fuese interesante históricamente si fuese "referido
solamente a Villademor" como dice pretender el autor. Los
acontecimientos históricos aunque "idiográficos" siempre, es decir
irrepetibles, no pueden ser tan singulares que los entendamos de forma
desconexa, eso no ocurre nunca, en rigor, ni siquiera en las biografías,
particulares por definición, o incluso en las crónicas entendidas como
testimonios particulares de una persona. La única manera de entender lo
que dice RGA es que en el
desarrollo de su investigación ha pretendido atenerse lo más posible a
los propios acontecimientos ocurridos en nuestra villa, obviando las
explicaciones contextuales que en cualquier caso hemos de dar por supuestas o
sobreentendidas porque si no, según hemos dicho, no se entendería nada.
Así pues, a pesar de que RGA anuncia que "sólo en contadas
ocasiones" alude al "contexto de la historia de la comarca o de
la región", a decir verdad no lo consigue, entre otras razones porque
es imposible conseguirlo. Porque los sujetos de la Historia, que,
como hemos dicho, en ningún caso podemos decir que sean los pueblos (rurales -pagus-),
sino los pueblos en el sentido político, no pueden entenderse nunca como "mónadas" incomunicadas, sino todo lo contrario.
Lo que
caracteriza la historia son, principalmente, las relaciones de poder
entre los centros que ejercitan tal poder, que no son otros que los
Estados soberanos. Y a poco que nos adentremos en el libro de RGA
vemos enseguida que en ningún momento ha conseguido hacer lo que anuncia
al lector en las páginas 19 y 20. ¿Acaso podría haber escrito la página
21, donde sitúa geográficamente el pueblo sin hacer referencia a los
pueblos limítrofes? ¿O acaso se podría entender algo de la etimología del
nombre de nuestro pueblo sin hacer referencia al latín y, por supuesto,
a la romanización? Y así podríamos multiplicar los ejemplos con la
invasión árabe, con la guerra de la independencia, con la guerra civil y
otros muchos acontecimientos históricos, que no estuvieron determinados
por los centros de poder de nuestra villa, pero que inevitablemente,
como no podría ser de otra forma, sí influyeron y determinaron, por el
contrario, el desenvolvimiento histórico de nuestro pueblo como núcleo
rural.
En realidad se trata de una obra, como otras muchas que proliferan en
la actual democracia coronada a la vez que fragmentaria, que
se puede enmarcar dentro una nueva ideología dominante desde la cual se
concibe el hacer historiográfico, igual que el hacer político, de un modo
también fragmentario, regional o local y, desde ese punto de vista la
historia tanto como la Historia se vuelven subsidiarias de la política
localista o, todo lo más, regionalista. La nueva práctica investigadora
consiste, entonces, en fragmentar la Historia de los Estados. Una forma
historiográfica que nada tiene que ver con Kunta Kinte, ni con la serie
televisiva Raíces, como dice el prologuista del libro D. Víctor Manuel
Ferrero León (p. 15), sino que viene determinada por las nuevas
exigencias políticas sobrevenidas por el estado de las autonomías, como
también manifiesta de soslayo dicho prologuista (loc. cit.).
Por otra parte, como ya aludimos, RGA no explica, una distinción
que sí ejercita y que, en efecto, es muy útil (p. 19), la distinción
entre la "historia" con minúscula, entendida como "res gestae", como conjunto de
hechos acaecidos o llevados a cabo por alguna persona, quizá, por qué
no, de este pueblo, y la "Historia" con mayúscula, que no es otra cosa
que el relato, la historiografía, que hace inteligible y explica los
hechos de la historia con minúscula. Y esto último, una Historia con
mayúscula, es lo que ha logrado hacer D. Ramón, pero en cuanto que nuestra villa
está enmarcada en la historia de España. Porque si definimos la Historia como la interpretación y
reconstrucción inteligible de las "reliquias" (restos arqueológicos,
documentos, monumentos, etc. que aunque pertenecientes a un tiempo
pasado, encontramos en nuestro presente y en el espacio que tiene que
ver con nuestra villa) nadie como RGA ha sabido buscar esas reliquias
y nadie como él ha sabido interpretarlas mejor. No ha confundido la
crónica con la Historia, ha sabido buscar mejor que nadie las menciones,
sin duda escasas, de nuestra villa en los archivos desperdigados por
varios sitios. Ha sabido interpretar mejor que nadie que la Historia no
tiene nada que ver con la mal llamada "memoria histórica", y los
testimonios de personas están casi siempre tratados con mucha objetividad.
Hacer Historia no es hacer memoria. La memoria es una categoría
psicológica, la Historia, como su origen griego nos recuerda ["ίςτορία"
(istoría) = indagación], es una investigación objetiva y objetivada precisamente
por esos documentos o reliquias que dan testimonio fehaciente del pasado.
Por último no nos
resistimos a hacerle otra pequeña crítica porque a veces no tiene demasiado cuidado con sus fuentes.
Se
atreve a citar una web, por cierto sin aludir a la fecha de su consulta,
de Carlos Fernández (Villademor.com) que no es o era rigurosa en absoluto. La
mayoría de los datos que aporta(ba) esa web, por no decir todos, suponemos
que son un
plagio de alguna otra obra web, que desconocemos porque Fernández no cita
ninguna fuente, pero que por el estilo
literario, manifiestamente mejorable, debe de haber sido escrita por
algún técnico, arquitecto o ingeniero quizá, porque maneja bien los datos técnicos,
sobre todo los relativos a las construcciones y edificios, pero confunde
aspectos que no confundiría nunca un historiador, por ejemplo, un rollo
con una picota, cuando hace mención de la Mona. Además ese estudio
parece más bien una colección de datos, como extraídos de algún catálogo
técnico anterior, sobre todo los que hablan del patrimonio cultural de la
villa.
De momento, a la espera de una relectura más
sosegada del libro, no me atrevo a valorar las otras partes de la obra como merecería, pero felicitamos al
autor por darnos a conocer de algún modo nuestra Villa, lo cual servirá
seguramente como incitación para que otros continúen con la labor de
Historiar los acontecimientos acaecidos en Villademor de la Vega dentro, eso sí, de la Historia de España, como
en realidad hace RGA por mucho que se haya propuesto lo contrario.
S. Centeno.
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