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DULCE DE HIGO

     "Εἰ μὴ χλωρὸν ἔφυσε θεὸς μέλι, πολλὸν ἔφασκον γλύσσονα σῦκα πέλεσθαι."

"Si Dios no hubiese engendrado la miel amarillenta, se diría que los higos son mucho más dulces [de lo que nos parecen]"

Jenófanes, D-K (21 B 38)

 

 

INGREDIENTES PRESENTACIÓN

 

  • Higos no muy maduros

  • Azúcar (la mitad de lo que pesen los higos, y si los higos estuviesen muy maduros se echa algo menos)

  • Gelatina alimentaria (opcional) no añade sabor pero sí hace que esté más unida y menos líquida.

PREPARACIÓN

     Elección de los higos: no deben estar muy maduros porque si no soltarían mucha agua y habría que tenerlos cociendo más tiempo para que se evapore esa agua. No obstante el color de la mermelada dependerá del tiempo de cocción de ésta. Y el color final será tanto más oscuro cuanto más tiempo de cocción le demos a la mezcla, pues más se caramelizará el azúcar que hayamos echado y, a la vez, el sabor será más intenso, pero no por eso mejor. Eso va en gustos.

    Lo primero que hay que hacer es pesar la pota cuando está vacía. Se pelan los higos, nunca se lavan. No importa si quedan algunas pieles con tal de que no sean muy gordas. Los higos no se trocean. Una vez pelados se pesa la pota con los higos y se resta el peso de la pota. Lo normal con el resto de la fruta es echar tanta azúcar como fruta, pero con los higos no podemos hacer eso, suelen estar muy dulces, por lo tanto hemos de echar algo menos de azúcar que el peso de los higos. Según gustos.

    Sin más, se ponen al fuego, con un machacador, aplastador de patatas o similar se aplastan los higos y se ponen al fuego. Muy bajo al principio porque no han soltado agua y se revuelve con una cuchara de madera de mango largo para que vayan soltado agua. Una vez se ha hecho una pasta se va subiendo el fuego y se cuecen y con la cuchara de madera los trozos más grandes, si han quedado, se van estrujando contra las paredes de la pota. Al principio sueltan espuma que hay que ir retirandola para un plato y reservando.

    Cuando estén cocidos, no menos de media hora o cuarenta y cinco minutos, todo depende del agua que suelten, se vierte el azúcar encima y se revuelve bien y comprobaremos que sueltan más agua. Se dejan cocer entre media y una hora más. Ahora sin parar de revolver ni un momento porque con el azúcar ahora se pegarían al fondo. Cuando veamos que queda una textura y un color apropiado, se retiran del fuego. Se dejan enfriar y se embotan a modo de conserva si queremos que permanezcan mucho tiempo.

    Opciones: Al espumar la cocción hemos quitado la mayor parte de las semillas que se van hacia arriba. A quien le guste la mermelada así, así puede dejarla, pero si el higo tiene propiedades laxantes entre otras cosas es por la fibra y por la cantidad de semillitas no digeribles que tiene, por eso la espuma que hemos ido quitando conviene echarla en un colador fino lavarla al grifo con intensidad y verter de nuevo las semillitas que queden a la mermelada. El aspecto es menos fino pero es más natural y mucho mejor para nuestro intestino.

    Otra opción es echar el azúcar desde el principio. Eso depende de lo maduros que estén los higos. Si están poco maduros, puede echarse al principio.

   Si la mermelada ha quedado poco espesa, sobre todo si los higos son muy maduros, en vez de seguir cociéndola, lo que haría que quedase más oscura y con un sabor más intenso a azúcar requemada, es aconsejable echar unas láminas de gelatina alimentaria, para que quede todo un poco más ligado y consistente. La gelatina no añade sabor en absoluto, es inodora e incolora.

    Resulta ideal para untar en las galletas con mantequilla o la tostada del desayuno. Otra buena opción es verter una buena cantidad en una rebanada de pan de leña, ideal para la merienda de los niños, de los mayores e incluso de los de mediana edad. Se puede incluso mezclar con yogur o con helado de nata. En caso de un ataque de gula incontrolado también vale tomarla directamente del frasco ¿por qué no?

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